El móvil sirve para el día a día. Para vender, para la web y para pagar publicidad, no.
La discusión no es cámara contra móvil. Es para qué va a servir esa imagen. Hay contenido que pierde si se ve demasiado producido y contenido que no puede permitirse parecer improvisado.
Cuándo el móvil está bien
- Stories del día a día, detrás de las cámaras y avisos.
- Contenido espontáneo donde la inmediatez es justamente el valor.
- Vídeo vertical rápido para mantener el ritmo entre producciones.
Cuándo no
- La web. Es tu escaparate permanente y la primera impresión de quien no te conoce.
- Carta, catálogo y ficha de producto. Aquí la foto vende o no vende.
- Publicidad de pago. Si vas a poner dinero detrás de una imagen, que la imagen aguante.
- Prensa, plataformas de reserva y marketplaces, donde compites al lado de otros que sí han invertido.
El cálculo que casi nadie hace
Una sesión bien planteada deja material para seis meses de publicaciones, la web, la carta y dos campañas. Repartido así, el coste por imagen útil baja muchísimo. El error habitual es contratar una sesión para diez fotos concretas en vez de planificar todo lo que vas a necesitar el año que viene.
Lo que sí marca la diferencia
No es el equipo. Es la luz, la dirección y saber para qué formato se está disparando. Una foto pensada para vertical no se recorta bien en horizontal, y descubrirlo el día que montas la web sale caro.